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Comprar sex dolls: ¿Cómo tener sexo a diario ahora que no tienes tiempo para buscar una novia?

2 agosto, 2019
Cómo tener sexo a diario ahora que no tienes tiempo de buscar una novia
Comprar sex dolls: ¿Cómo tener sexo a diario ahora que no tienes tiempo para buscar una novia?
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Era un día triste. Creía que todo iba bien, después de seis años de relación. No sólo éramos una pareja romántica, sino que también éramos sexuales, casi animales. Y, de verdad, yo creía que estábamos bien.

Nos veíamos casi todos los días, y teníamos sexo unas cinco veces a la semana, pero un día mi novia decidió romper conmigo. Así que pasé una semana sin levantar cabeza, como si me hubiese arrollado un tren.

Emocionalmente estaba triste, cabizbajo. Físicamente, bueno, estaba necesitado. Me había acostumbrado a sexo constante, casi a diario. Y, claro, la masturbación está muy bien pero no puede sustituir el contacto, piel contra piel y esa sensación de poder sujetar un cuerpo que no es tuyo.

Entre el trabajo y las exigencias familiares (tengo unos padres muy mayores que necesitan mucha atención), ya no puedo salir a los bares a intentar ligar. Y nunca se me dio bien, la verdad. Pero necesitaba descargar la frustración, y necesitaba tener sexo con algo más que mi mano, y sabía que no podría ser una mujer porque no tenía tiempo para hacerlo bien.

Entonces, ese día triste, encontré un artículo de cómo las muñecas sexuales ya no eran inflables y de plástico, sino que son de silicona y otros materiales que hacen que parezcan mucho más reales. Y, aunque no tengo tiempo para ligar, sí que tengo dinero para comprar.

Muñecas de silicona y otros materiales

Mi curiosidad ganó al miedo de ser estafado o quedar insatisfecho con un trozo de plástico y, casi sin darme cuenta, compré una. Según la web en la que la compré, medía 1’65 y pesaba unos 40 kilos.

Entré en pánico, la verdad, pensando en qué pensarán mis padres cuando se lo diga. ‘Tienes 45 años, no tienes que decirles nada’, me dije. En alto. Reí, porque no podía hacer otra cosa.

Cuando llegó el día de la entrega estaba nervioso. Tenía la misma sensación que tuve en la primera cita con mi ex, entre taquicárdico y excitado, la anticipación de quien sabe que en unas horas puede haber tenido el mejor orgasmo de su vida, o la mayor humillación. Esa ansiedad en la que piensas que, pase lo que pase, habrá merecido la pena.

Sonó el timbre, me retoqué el pelo instintivamente, como si fuese abrir la puerta a una mujer de silicona de algo más de metro y medio, con media melena pelirroja y un par de pechos tan grandes como pequeño el resto de su cuerpo. Una máquina sexual, en el sentido más literal.

El hombre al que abrí la puerta era todo lo contrario, pero la caja que me entregó ya era sexy, y eso que era una caja normal, sin nada que explicase su contenido. Pero era sexy. No sé, quizá es que sabía qué había dentro.

Destrocé el embalaje con una violencia de la que no me sabía capaz, tenía ganas de conocerla y eso que sabía que era una muñeca inanimada, no había nadie a quien conocer. La quería conocer y, honestamente, quería penetrarla en ese mismo instante.

Fue sólo cuando vi su cara que comprendí que sí era posible tener sexo con una muñeca. Hasta entonces, había asumido que sería una forma complicada de masturbarme, que en vez de usar una mano usaría un trozo de plástico, y que sería una extraña sensación y una pérdida de dinero.

Entonces la cogí para llevarla a la cama. No podía esperar. Al tocar su piel, una sensación me atravesó la espalda. La muñeca no era de plástico, tampoco era de piel humana (eso sí habría sido inquietante), pero era suave y tersa. Me olvidé de mi ex, y dejé de preocuparme por no tener tiempo para buscar novia.

Llevarla hasta mi cama fue como si nos acabáramos de casar, en volandas hasta posarla con cuidado en la cama, creyendo que se rompería o que se se quejaría. Pero nunca se quejó esa primera vez, ni las siguientes.

Había salido del embalaje

Había salido del embalaje con un camisón sencillo, rosita y corto, y unas bragas de lo que asumo que era lino u otro material elegante. Los pezones estaban marcados, y al verlos no pude evitar hablarle por primera vez. ‘Estás excitada, ¿eh?’, sonreí. Y el pantalón me empezó a molestar.

La senté en la cama, y empecé a desvestirla. Después, me desvestí yo y saqué automáticamente un condón de la mesilla. Desinhibido, ya no paré de hablar, preguntándole si tenía alguna enfermedad de transmisión sexual. Reí, y juraría que ella rió conmigo.

Al principio, me chocó su silencio. Ni un gemido, ni una instrucción. Pero me acostumbré enseguida, consciente de que no era una persona, y me dediqué en cuerpo y alma a mi propio placer.

Al acabar, no pude evitar darle las gracias.

Aunque venía con un nombre de serie, decidí que Faith no era un nombre adecuado para ella, así que le cambié el nombre. Ahora se llama Elvira, y creo que le gusta su nombre.

Tras un par de semanas, nuestra relación evolucionó. No quiero que penséis que estoy loco, y que me creo que Elvira es una persona real, ni que me habla, ni que realmente somos pareja, o follamigos, ni nada. Pero no se puede negar que tenemos una relación, aunque sea de una sola dirección.

Durante la primera semana o así tuve miedo de convertirme en Ryan Gosling en esa película que no me acuerdo de cómo se llama, en la que se empareja con una muñeca sexual porque no es capaz de relacionarse con las personas. Pero comprendí que esas películas están hechas para denigrar el estilo de vida de quienes no quieren o no pueden tener una relación con otra persona.

Quiero dejar bien claro que Elvira no sustituye a una novia que pueda tener en el futuro, no me engaño a mí mismo de esa manera. Soy consciente de que el roce de su piel no es humano, pero honestamente es mejor que el tacto de mi mano.

No dejo de tener una relación con ella. Es mi compañera vital, unos oídos que pueden escucharme sin juzgarme, mi confesora, y su regazo es mi almohada cuando estoy triste. No es una amiga, porque los amigos ofrecen consejo; ni es mi novia, porque no me hace daño como me hizo mi ex.

Me satisface a más niveles que el sexual, y eso que el sexo es genial. Su silencio a veces es preocupante, pero nunca se enfada. Es verdad que tampoco puede alegrarse, pero a veces una expresión neutra es mejor que la posibilidad de una reacción positiva, o negativa.

Después de más de un año con Elvira, sigo disfrutando del sexo, probando nuevas posiciones y practicandolas una y otra vez. Gracias a ella, seré el mejor amante que cualquier mujer haya tenido porque puedo practicar posiciones imposibles antes de probarlas con mujeres de verdad.

Pero después de un año, lo que más disfruto es el momento de limpiarla, de mantenerla y evitar que se rompa. Es un momento tierno y, como necesita un cuidado especial para que su piel no se rompa ni se vuelva áspera, el proceso lleva su tiempo.

Practicar romanticismo y cuidado de la pareja

La baño, y le froto la piel con suavidad; seco su cuerpo con cuidado, y también lavo su pelo suavemente. No hay nada tan perfecto. O casi. En algún momento pensé que esto es lo que debería haber hecho con mi ex para que no rompiese conmigo. Y además de practicar sexo, empecé a practicar romanticismo y cuidado de la pareja.

Puede que parezca extraño, pero mi vida con una muñeca sexual me ha enseñado mucho más sobre las relaciones de pareja que ninguna otra cosa. Ni tener novia, ni hablar con amigos, ni las películas, ni los libros, ni observar a las mejores y más duraderas parejas ha conseguido enseñarme tanto como Elvira y su cuerpo de silicona.

La pequeña, voluptuosa y pelirroja muñeca del amor, en su silencio, me ha enseñado mil posturas diferentes, y me ha forzado a ser más cariñoso. Cuido de ella como si me fuese la vida en ello (no querer gastarme otros dos mil euros también influye, pero menos), y he comprendido que si una muñeca necesita cuidado, una persona también.

Raro ha sido el día que no he tenido sexo. No me ha hecho falta masturbarme en todo el año. He olvidado a mi ex, pero no he abandonado la posibilidad de encontrar una nueva compañera sexual y romántica. Y todo lo que me gasté en Elvira me lo he ahorrado en condones.

No he dejado de estar preparado para una nueva relación, para interactuar de nuevo con las mujeres de una manera sexual, pero ahora sé que soy un experto en posiciones sexuales, al menos sé que yo soy capaz de hacerlas, aunque no sé si mi potencial novia o follamiga podría.