El sexo, uno de los temas más importantes de la vida humana, varía de acuerdo a cada etapa de nuestra vida. Es por eso que nunca percibiremos nuestra sexualidad de la misma manera a los 20, ni tendremos las mismas inquietudes a los 30, que a los 40, principalmente por los cambios que experimentamos a nivel orgánico. Sin embargo, el sexo siempre está ahí, desde el momento que nos desarrollamos conscientemente como personas.
Acá te explicamos algunas fases de la evolución sexual de los seres humanos a medida que transcurre el paso del tiempo, desde la infancia hasta la adultez. Continúa leyendo y entérate de un poco más.
Sexualidad en la infancia
La infancia es el periodo en el cual comenzamos a desarrollamos física y psicológicamente. De la misma manera, si bien no puede hablarse de una sexualidad en la infancia como tal, es durante la niñez que los seres humanos realizan su primer descubrimiento sexual, ya que se hacen “conscientes” de si son niño o niña.
Durante la infancia también inicia un primer “tanteo” de nuestra identidad sexual, en la que exploramos por primera vez nuestro aparato genital, y sentimos curiosidad por saber cómo funciona o en qué es diferente. Es muy importante resaltar que hasta los doce años el niño no adquiere conciencia de su sexualidad bajo el aspecto erótico, sino que parte del autoconocimiento, del reconocer su cuerpo y saber cómo funciona.
Sexo en la adolescencia y la juventud
Cuando el niño comienza a desarrollarse y por consiguiente experimenta los cambios físicos que lo llevarán a la adultez, también se da inicio a dos procesos diferentes, que podemos clasificar de esta manera:
- Conciencia del deseo: principalmente porque es el momento en que como seres humanos nos damos cuenta que nos puede atraer físicamente otra persona.
- Descubrimiento de la orientación sexual: ya que al darnos cuenta que nos pueden gustar otras personas, también empezamos a descubrir nuestras preferencias sexuales,
Edad adulta: la plenitud
La llegada a la edad adulta viene acompañada con la definición de criterios sexuales, experiencia en la cama y lo más importante de todo, el conocimiento de lo que nos gusta y lo que no. En la adultez cristalizamos las primeras experiencias eróticas, lo que nos permite adquirir la suficiente experiencia para entendernos como seres sexuales. Pueden definirse en dos grandes edades:
- A los 20, cuando iniciamos nuestros primeros encuentros con las personas que nos llaman la atención. Es a esta edad cuando por primera vez tomamos consciencia del potencial sexual de nuestro cuerpo.
- A los 30, cercano a los 40, cuando ya el conocimiento adquirido nos hace interesarnos en otras cosas, como mejorar la calidad del orgasmo, o experimentar con otras alternativas sexuales.
Dicho de otra manera, en la adultez es cuando conocemos nuestro verdadero potencial sexual, sin la inexperiencia y la falta de información de la adolescencia, o la ingenuidad de la primera juventud.

El sexo en la madurez
El sexo en la edad madura pasa por distintos cambios, entre esos la llegada de la menopausia, en el caso de las mujeres, o la posible pérdida de la potencia sexual en los hombres. Sin embargo, el sexo en la madurez puede ser uno de los episodios más placenteros, sobre todo si se mantiene una vida saludable que permita sobre llevar los diversos cambios hormonales.
Es en esta etapa en la que el juego erótico cobra mayor relevancia, se da preferencia a las caricias y a los encuentros más pausados entre las parejas. El sexo pasa a significar más en calidad que en cantidad.
Sexualidad en la tercera edad
Por último, llegamos a la edad de la que casi nadie habla, pero en la que, aunque no lo creas, ¡aún hay sexo! Aunque los encuentros son más esporádicos, duran más tiempo en el juego previo y se disfrutan más. También hay más interés en la intimidad, con preferencia por las caricias, los abrazos y los besos.
Si te preguntabas cómo cambia el sexo según la edad, esta guía puede darte una idea general de los cambios que se experimentan según cada etapa de la vida. Lo fundamental, como siempre, es estar cómodos con nosotros mismos, y disfrutar cada etapa al máximo.



