“Me aburro en la cama con los hombres”… comentaba una mujer en mi consulta.

Y continuaba.. “No les entiendo, ¿qué quieren? Te seducen, te conquistan, hasta que llegas a la cama y entonces parece que se olvidan de ti.

A veces pienso que sólo buscan su propia satisfacción.

Te tocan te acarician te besan te susurran y en cuanto sienten que su excitación es máxima pasan a la penetración, se mueven dentro de mí, me miran y al final tienen su orgasmo.

Después te preguntan, si tú también lo has tenido y yo me quedo callada o digo en bajito un bueno sí, más o menos. Entonces sonríen, puede que satisfechos de haber cumplido, entonces se dan media vuelta y me dicen que quieren dormir…”.
La pregunta es: ¿quién olvida a quien? Y a su vez ¿quién es el responsable de mi placer?
Esta escena que he plasmado en formato heterosexual podría darse igualmente en un contexto homo, dos amantes hombres o dos amantes mujeres que se encuentran y se desencuentran a la vez.
Centrándonos en el caso mencionado veamos qué ocurre exactamente.
Es cierto que partimos de un modelo de sexualidad masculina en el que el hombre se suponía que tomaba las decisiones y la mujer se dejaba hacer.

Es cierto que es un modelo coitocéntrico donde la penetración es el momento estrella y lo demás son preliminares o prolegómenos del gran acto.

Pero también es cierto que es un modelo caduco que necesita ser enriquecido si no queremos seguir sembrado amarguras y frustraciones en nuestros encuentros eróticos y amatorios.

La propuesta actual parte de la premisa inicial de que cada uno es responsable de su propio placer. Luego lo que ocurre entre dos es cosa de los dos.
Esto supone que no puedo ir a compartirme con el otro en una suerte de abandono. Aquí llego y aquí me quedo.

Esto que antes suponía que el placer de la mujer dependía del nivel de pericia del hombre ya sabemos todos los lodos que nos ha traído y parece que exige nuevos planteamientos por nuestra parte.
Dos amantes son dos personas que se desean, se excitan y se aman juntos, teniendo presentes al otro y sintiéndose en todo momento a sí mismos.
El complacer al otro está presente pero no como una obligación, no como un destino al que llegar sino como un deseo de que algo ocurra.
Amantes y amados a la vez, cada uno con su manera de vivir y expresar su erótica, con sus ritmos y sus posibilidades.

A lo mejor simplemente se trata de eso. De respirar al lado de otro estando presentes. Y detenerme a sentir a través de su piel, a descifrar sus respuestas y a sentir a la vez las mías cómo se van retroalimentando en ese juego amatorio sin fin.
El miedo a no ser un buen amante tiene que ver con el miedo al rechazo, pero hemos de saber que ese miedo viene de mí mism@, de mi propio rechazo. Antes de que nadie me valore ya lo he hecho yo y mi apuesta es la de
saltar sin red desde la seguridad de que es un juego de dos no una lucha, y es una oportunidad de manifestar mi deseo y mis ganas del otro.

 buenos amantes3

Yo te regalo mi placer y tú me regalas el tuyo y la maravilla es que al juntarlos se multiplican y nos colman que es al fin y al cabo lo que deseamos sentir.

Ni altruismos ni egoísmos… La calidad de un buen amante está en sí mismo.

En su humildad y su deseo de compartirse con y para el otro… merece la pena abrir bien los ojos y encender todas las luces para ver y sentir en su inmensidad a la persona que tenemos a nuestro lado con los cinco sentidos.
Amantes que aman y que se arriesgan a exponerse y darse al otro. Amantes que abren los ojos para descubrir todo lo que producen en el otro y devolvérselo multiplicado por mil.

Amantes que dan y que reciben por el puro placer de hacerlo.

Amantes que buscan su satisfacción dentro de sí mismos y con el otro, amantes generosos que todo lo ofrecen y todo lo transforman.
Puede que la escena se repita en mi consulta, una y mil veces.

Y serán otras mujeres y serán otros hombres quienes repitan la misma historia, puede ser.

Y yo les diré que busquen dentro de sí mismos de nuevo.

Que exploren, que se reconozcan, que se reencuentren, que hablen con su deseo y que decidan ir a vivirlo.
Y la próxima vez que elijan compartirse sean conscientes de quienes son y de lo que quieren y sean capaces de hacérselo saber al otro.

Y si el otro está ausente y no recibe nada y si el otro apenas da y sólo pide, si el otro no está… entonces tal vez sea el momento de pararse y hacérselo saber.
Las mujeres y los hombres tenemos la capacidad y el don de satisfacernos juntos, hagámoslo celebrándolo y siendo conscientes de toda esa inmensidad que la vida nos ofrece.
No amemos sin olvidarnos de nosotros mismos.

Amemos con plenitud, llenos de nosotros y de ese deseo que nos mueve a ser con el otro.
Permitamos que la sorpresa entre en nuestra vida, la fantasía y las ganas de abandonarnos.

Juguemos como juegan los niños y juguemos sin fin, inocentes y libres.

Y dejemos que ocurra sin más, expuestos y frágiles pero protagonistas de una fiesta que es nuestra porque es de dos y hoy hemos elegido vivirla.

 

Fuente: MartaPascual

Una Respuesta

  1. Ricardo Alas

    Me ha encantado: Yo te regalo mi placer y tú me regalas el tuyo y la maravilla es que al juntarlos se multiplican y nos colman que es al fin y al cabo lo que deseamos sentir.

    Responder

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.